lunes, 16 de mayo de 2016

SITUACIÓN ACTUAL DE LA POBLACIÓN INDÍGENA EN AMÉRICA LATINA


También es importante ahora revisar la complejidad étnico-cultural de las zonas urbanas latinoamericanas, pues la presencia indígena no se limita ya a sus históricas zonas de refugio: las comunidades rurales alejadas en las áreas de bosques y floresta tropical o de serranías y mesetas altiplánicas. La presencia indígena es cada vez mayor en zonas urbanas y ciudades capitales de distintos países, que cuentan con población indígena numéricamente mayoritaria o minoritaria. Tal es el caso de capitales como Ciudad de México, Buenos Aires, Santiago de Chile, Lima y Ciudad de Guatemala, y de ciudades intermedias importantes como Arequipa (Perú), Guayaquil (Ecuador), Maracaibo (Venezuela), Xela o Quetzaltenango (Guatemala) y Monterrey (México). Entre todas ellas, destacan, por un lado, Monterrey, ciudad que albergaría a pobladores de 55 grupos étnicos diferentes, y, por otro, Buenos Aires, metrópolis en la que vivirían ahora más de 700.000 quechuahablantes que han migrado desde áreas rurales y urbanas de Bolivia. En este último país existe una ciudad intermedia que se acerca rápidamente al millón de personas y cuyos pobladores son mayoritariamente indígenas. El Alto reúne una importante concentración de población aimara que ha migrado del campo a la ciudad junto a quechuas e incluso algunos migrantes de localidades indígenas del oriente boliviano. Se trata de una población mayoritariamente indígena, con fuertes lazos tanto con la ciudad de La Paz como con comunidades rurales aimaras, en la cual se ha venido construyendo una modernidad indígena, a la par que se reproducen prácticas socioculturales propias de la ruralidad aimara. Algunos estudiosos han tratado de reflejar esta situación, describiendo que los alteños son pobladores urbanos que cabalgan entre dos mundos.

Algunos pueblos indígenas como el mapuche cuentan con más población urbana que rural; y esto rige tanto para los mapuches en Chile como en Argentina. Sólo en Santiago viviría la mitad del total de la población de mapuches chilenos, que en total sumarían entre 500.000 y un millón de personas en el país. Si añadimos a esta cifra la referida a los mapuches que habitan en otras ciudades intermedias chilenas, como Concepción, Temuco y Villa Rica, se podría llegar incluso a un 70% o 75% de mapuches urbanos. También los wayuú que habitan en la Guajira colombo-venezolana son hoy en su mayoría habitantes urbanos.

La mayor complejidad sociocultural de las ciudades latinoamericanas hace que algunas de ellas se conviertan en verdaderos espacios multiculturales que contienen sectores o barrios de asentamiento indígena en los cuales a menudo se reproducen las prácticas socioculturales indígenas y cuyos pobladores, de una u otra forma, mantienen, por lo menos en las primeras generaciones de migrantes, vínculos socioculturales con sus comunidades y regiones de origen. Por ejemplo, ello ocurre tanto en Lima como en la ciudad de Panamá, en los asentamientos urbanos o barrios en los que habitan quechua o aimarahablantes, en el caso peruano, y ngöbes, buglés, kunas y emberás, en el caso panameño.

La creciente urbanización de la región ha traído también consigo una creciente indigenización de los espacios urbanos, otrora reducto exclusivo de la población criollomestiza hispanohablante. Todo esto ha contribuido a una visibilización indígena mayor y a una mayor presencia cultural indígena en los medios de comunicación y en la cotidianidad de las ciudades y de los pobladores no-indígenas. Ello ha ido aparejado con un interés cada vez mayor por la medicina natural, el avance de la sensibilidad ecológica, del etnoturismo e incluso del turismo de aventura que atrae la atención hacia los territorios indígenas.

En las ciudades se genera también el sentido de pertenencia pancomunitaria y étnico-lingüístico. Allí se encuentran indígenas que bien pueden hablar una misma lengua pero que provienen de diferentes comunidades de un mismo pueblo, o se relacionan con indígenas pertenecientes a otras comunidades distintas y que hablan otros idiomas. En estos contactos e interacciones surgen sentimientos identitarios panétnicos e indígenas, como resultado del simple descubrimiento de que son mucho más numerosos de lo que imaginaban. No es por ello raro que muchos movimientos hayan sido el resultado de una toma de conciencia, y que entre las organizaciones indígenas haya calado la necesidad de contar con oficinas que las representen en las capitales de los países en los que habitan.

La ciudad, sin embargo, se convierte en un ámbito difícil para la población indígena, y muchos de ellos se ven forzados a ejercer la mendicidad, como el caso de los migrantes económicos potosinos en las principales ciudades de Bolivia; a dedicarse al comercio ambulante, como muchos quichuas en Guayaquil y Quito, y a trabajar en fábricas clandestinas, como ocurre con muchos migrantes indígenas bolivianos en Buenos Aires y San Pablo. Es usual también que muchos indígenas se dediquen al servicio doméstico en ciudades como Lima y en otras de esos países.

Son numerosos los casos de niñas y adolescentes indígenas que son trasladadas del campo a la ciudad y que son entregadas por sus padres a parientes, padrinos o incluso a extraños, con el fin de que aprendan el castellano y se apropien de nuevas competencias que les permitan vivir en la ciudad, a cambio de vivienda y alimentación y, a veces, también de un salario mensual. En otros casos, las migraciones son motivadas por las necesidades familiares y las niñas, adolescentes y jóvenes indígenas envían parte de sus magros salarios a los familiares que se quedaron en el campo. Estas situaciones no sólo conllevan a la interrupción de la escolaridad, sino también a la explotación laboral de las niñas y jóvenes. Hay evidencias que confirman que las adolescentes que prestan servicios domésticos sufren en ocasiones vejaciones sexuales por parte de los hijos de los señores de las casas en las que sirven (cf. UNICEF, 2003).

Uno de los datos más preocupantes respecto del futuro de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes indígenas urbanos es el que proviene de un estudio realizado en México, en el que se comprobó que el 69% de los niños y niñas indígenas migrantes interrumpía su escolarización una vez instalados en la ciudad (en Larsen, 2003). No son pocos los casos de niñas y mujeres indígenas que fuera de su ámbito natural de asentamiento y como resultado de la desarticulación familiar que la migración usualmente trae consigo, son víctimas de la explotación y el comercio sexual en las ciudades a las que se trasladan. Así ocurre, por ejemplo, con niñas, adolescentes y jóvenes kunas en Panamá, hecho que está también relacionado con el avance del VIH/SIDA entre algunos asentamientos indígenas (F. Jonson, comunicación personal).

En todas estas situaciones, los niños, niñas y adolescentes indígenas, por lo general se ven privados del acceso a la educación y del ejercicio de sus derechos. No obstante, en algunas metrópolis, comienzan a surgir propuestas alternativas de educación indígena urbana, que merecen alguna atención del Estado, como ocurre en Bogotá en el contexto del Cabildo Ingano con sede en esa ciudad, que recibió plazas de maestros inganos para atender a los niños y niñas de ese pueblo que viven ahora en la capital colombiana. También en Quito, Santiago de Chile y Buenos Aires, e incluso en ciudades más pequeñas como Arica, en Chile, existen iniciativas diversas destinadas a propiciar el reencuentro con lo propio entre niños y niñas indígenas que habitan hoy en ámbitos urbanos. El caso de un jardín de infantes aimaras, que atiende a niños y niñas aimaras ariqueños, y de otros jardines étnicos en Chile, da cuenta de esta nueva realidad.

Es preciso referirse aquí a los nuevos destinos que vienen seleccionando algunas comunidades indígenas. Desde hace algunos años, se observa la migración hacia los Estados Unidos y a Europa, tanto a áreas urbanas como rurales. Tal es el caso, por ejemplo, de los mixes, zapotecos y de otros indígenas mexicanos en distintos lugares de California, y de los quichuas ecuatorianos en Madrid, Barcelona y en áreas rurales de Andalucía. Se estima que, como consecuencia de la crisis económica ecuatoriana, sólo en los últimos cinco años más de un millón de ecuatorianos habría salido del país. Tales movilizaciones no sólo traen aparejada una suerte de transnacionalización o translocalización de sus comunidades étnicas, lo que redunda en una mayor visibilidad internacional, sino también fenómenos económicos importantes como el de las remesas periódicas de dinero a sus países, comunidades y familias. En el caso ecuatoriano, por ejemplo, las remesas de los migrantes constituirían la segunda fuente de ingresos nacionales, después de la explotación petrolífera. Pocos son los estudios sobre la migración indígena a localidades extranacionales, destacando entre ellos los llevados a cabo sobre la diáspora peruana y los que se han realizado en México, respecto de la población indígena trasladada sobre todo a las zonas urbanas y rurales de California.

Los conflictos armados han provocado desplazamientos internos en Colombia, Guatemala y Perú. En los momentos más álgidos del conflicto en Colombia y Guatemala, los indígenas han tenido que buscar refugio en estados vecinos como Panamá, Ecuador, Venezuela, Belice y México. El triángulo del Ixil, en el nororiente de Guatemala, constituye hoy un territorio multiétnico habitado por refugiados indígenas mayas que retornaron de México luego de años de residencia en ese país durante la guerra interna que afectó al país centroamericano. En la década de los 80 un gran número de quechuahablantes peruanos se desplazó a Lima y otras ciudades importantes del país ante la amenaza y los ataques a comunidades rurales por parte del grupo terrorista Sendero Luminoso; por esta misma causa, los ashaninkas vieron seriamente diezmada su población en la selva central del Perú. En ese mismo contexto, el recientemente difundido informe de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación del Perú registra que más del 70% de personas muertas en el Perú, que se estima en más de 50.000, era de origen indígena, particularmente quechuas.

Se considera que los pueblos indígenas colombianos “no se han quedado quietos ante la inclemencia de la guerra, menos esperar que mueran de hambre por encontrarse sitiados por uno de los actores armados que les impide entrar alimentos y medicinas a sus territorios...” (Consejo Nacional Indígena de Paz, 2003: 12). Las estrategias indígenas más comunes en esta difícil situación son por lo general: (i) “huir masiva y organizadamente hacia las cabeceras municipales o hacia otros departamentos”; (ii) “replegarse de manera itinerante a sitios más internos del territorio en microdesplazamientos permanentes”; (iii) “encerrarse en su propio territorio”; (iv) “salir de las fronteras colombianas”, (v) “mantenerse en resistencia activa y desafiante” para evitar salir de sus resguardos (Ibíd.:12-3). Por su parte, en el año 2002, ante la amenaza de la guerrilla, toda una comunidad tule o kuna asentada en Colombia solicitó a sus hermanos kunas del otro lado de la frontera colombo-panameña permiso y espacio para trasladarse a un territorio más seguro; el Congreso Kuna discutió la posibilidad de asignarles una isla del archipiélago tule (F. Johnson, comunicación personal). El desplazamiento forzado de poblaciones de Colombia a Panamá con motivo de la guerra ha afectado también a las poblaciones embera y wounaan. Kofanes, quichuas y koreguajes han debido migrar al Ecuador, y baris y kankuanos a Venezuela. Y es que en Bolivia, el conflicto armado interno “mantiene un crecimiento sostenido, que ha afectado de forma grave a las minorías étnicas” (ACNUR 2002, citado en Consejo Nacional Indígena de Paz 2003:13).

La migración por razones económicas y los desplazamientos forzados traen consigo dos fenómenos sociales que es importante considerar; de un lado, la desmembración de las familias indígenas, con el consecuente abandono temporal o definitivo de los hijos e hijas, y el desplazamiento de niños y niñas indígenas hacia contextos distintos al tradicional. A través de la región, es posible encontrar comunidades rurales en las cuales sólo quedan ancianos y niños, niñas y adolescentes, mientras que la población adulta en edad productiva se encuentra ahora en las ciudades, con visitas esporádicas de los padres, cuando ellos han migrado dentro del mismo país. Son numerosos también los casos de niños y niñas indígenas que no ven a sus madres o a sus padres o a ambos, incluso por más de un año, cuando ellos han salido fuera del país y trabajan como ilegales. También son múltiples los casos de niños y niñas refugiados y desplazados a raíz del conflicto armado, como ocurre en Colombia, de donde salen tanto a ciudades de su país como de países vecinos. Como se ha visto, las zonas fronterizas de Ecuador, Panamá, Perú y Venezuela se constituyen hoy en receptoras de población indígena colombiana, aunque cabe reconocer que este fenómeno tal vez afecte más a la población afrocolombiana que a la amerindia. En tanto, en algunas regiones los pueblos indígenas colombianos se han convertido en verdaderas fronteras humanas que han detenido el avance de los alzados en armas. No son pocos, por ello, los líderes indígenas colombianos que han sido asesinados tanto por los paramilitares como por la guerrilla.

ACTIVIDAD

1. Al realizar la lectura identifica los problemas que sufre la población indígena en países de América Latina.

2. Comenta con tus compañeros de clase tus experiencias sobre la problemática que sufre el pueblo indígena latinoamericano.

3. Prepara una exposición sobre las problemáticas de los pueblos indígenas en Colombia.                                                                                          

lunes, 25 de abril de 2016

LA RECONQUISTA ESPAÑOLA

A la fase del movimiento de las Juntas Americanas y la conformación de los primeros gobiernos, llamados en el Nuevo Reino de Granada la Primera República Granadina o Patria Boba, sucedió una etapa de reacción realista o reconquista española entre 1816 y 1819.

Hacia 1814, tras el regreso de Fernando VII al trono español, se organizó el ejército para la campaña de reconquista del territorio neogranadino. Estaba formado por un total de 10.000 soldados y 291 jefes bajo las órdenes del mariscal Pablo Morillo, quien se había hecho militar, como la mayor parte de sus hombres, durante la campaña de independencia de España del yugo francés. Esta tropa fue, junto con el batallón enviado a Veracruz en 1811, la única que España envió a sus colonias durante todo el proceso de independencia, lo que demuestra que la guerra de quince años se sostuvo con americanos fundamentalmente. Mientras el absolutismo español preparaba la máquina militar de aquel ejército expedicionario, los territorios venezolano y neogranadino veían sucumbir la resistencia patriota ante la reacción de los propios criollos. El año 1814, que presidió a la invasión de Morillo, fue uno de los más nefastos para la causa de la libertad. En Venezuela, donde existía una honda división entre esclavos, negros libres y mulatos (que eran la mayor parte de la población) y una minoría de blancos, los realistas, defensores del dominio español, lograron atraer para su causa sectores de origen negro. José Tomás Boves, un español acriollado en los llanos, aglutinó una fuerza llanera de hombres de color y los lanzó contra la república que había instalado Simón Bolívar en Caracas. Era una fuerza de caballería capaz de atacar certeramente un objetivo distante con enorme velocidad y precisión, y retirarse luego a sus bases de los llanos, donde no podían entrar los republicanos sin peligro de perecer. Ante la imposibilidad de aplastar la fuerza realista y una victoria de Boves en la Puerta el 3 de febrero de 1914, motivó a Bolívar a emprender una empresa de represión contra los realistas, que logro contenerlos por espacio de tres meses. En junio del mismo año, Boves obtiene una nueva victoria en la Puerta y, al mes siguiente tomó Valencia. Bolívar tiene que evacuar Caracas y dos días después la ciudad cayó en manos de los realistas y el 16 de julio entró en ella el temible Boves, quien persiguió a los patriotas durante su marcha hacia el este. Bolívar, traicionado por algunos de sus compañeros, fue depuesto de su mando como presidente y debió abandonar su patria el 8 de septiembre, embarcándose hacia Cartagena.

En Colombia las cosas no fueron mucho mejor. En Santa Marta, el levantamiento de los realistas quedó en permanente estado de guerra contra Cartagena. En el sur, las tropas realistas del brigadier Sámano avanzaron desde Pasto sobre Popayán, se apoderaron de Cali y Buga, amenazando con seguir hacia Santa Fe de Bogotá. El presidente de Cundinamarca, Antonio Nariño, comprendió el peligro y organizó un ejercito para detener a Sámano. En enero de 1814 tomó Popayán, donde se detuvo dos meses, y en marzo se movilizó hacia Pasto. El 10 de mayo atacó Pasto y fue derrotado. El ejercito cundinamarqués se dispersó por los alrededores y Nariño fue encontrado en las montañas por un soldado que lo entregó al brigadier Aymerich. El jefe realista lo encarceló y posteriormente, fue enviado a la Península, y en ausencia de Nariño, Cundinamarca cayó bajo la dictadura de Manuel Bernardo Álvarez, investido en sus poderes por el mismo Colegio Electoral ante el desastre de la campaña del sur.

A finales de septiembre de 1814 llegó a Cartagena Bolívar, tras el desastre de Venezuela. Se dirigió a Tunja, donde fue recibido por Camilo Torres, presidente del Congreso. Inmediatamente se le concedió mando de tropa y se le dio la misión de someter Cundinamarca. Con el apoyo de 2.800 hombres penetró en la provincia rebelde y finalmente sitió y asaltó Santa Fe de Bogotá, que capituló el 12 de diciembre del mismo año. El Colegio Federal nombró gobernador interino de Cundinamarca a José Miguel Pey e invitó al Congreso Federal a instalarse en la capital, lo que hizo en enero siguiente.

Bolívar recibió entonces la comisión de liberar Santa Marta. Se dirigió a la costa y pidió ayuda militar a Cartagena, que se la negó. Irritado por la falta de colaboración, puso sitio a la plaza patriótica durante un mes. Lo levantó cuando tuvo noticias de la llegada del ejército expedicionario de Morillo a Venezuela. Hizo entonces renuncia al mando y celebró un convenio de paz, embarcándose para Jamaica el 8 de mayo de 1815. Mientras tanto, el ejercito expedicionario que había salido de Cádiz el 17 de febrero de 1815, llegó a Margarita el 17 de abril. El jefe patriota Arismendi entregó la isla y fue perdonado por haberse alzado contra el rey. Tras tocar Cumaná, entro en Caracas, donde dio varias disposiciones militares que hicieron presagiar el fin del orden civil. Creó un Consejo de Guerra permanente contra los revolucionarios, sustituyó la Audiencia por un Tribunal de Apelaciones, erigió una Junta de Secuestros para confiscar los bienes de los patriotas que se habían comprometido en la lucha contra España, exigió un empréstito forzoso de 200.000 pesos y, finalmente, dio una proclama a los neogranadinos anunciándoles que sus tropas venían a restablecer el orden y la paz y no a verter sangre. Como Venezuela estaba ya pacificada, desde su punto de vista, la dejó al mando del general Salvador Moxó y partió hacia la Nueva Granada junto con 3.000 soldados venezolanos.

El ejército expedicionario de Morillo desembarcó en Cartagena el 20 de agosto y puso sitio a la plaza durante más de cien días. Se rindió el 5 de diciembre de 1815. Era la primera vez que alguien lograba tomar dicha ciudad desde que fuera fortificada a comienzos del siglo XVII.

La represión española fue muy dura. Unos 400 cartageneros fueron fusilados y otros fueron procesados por el Consejo de Guerra permanente. Morillo dejó 3.000 hombres en la ciudad a las órdenes del nuevo virrey y dividió el resto de su ejército en cuatro columnas para ocupar el territorio neogranadino: una hacia Ocaña y El Socorro, otra hacia el Chocó, la tercera a Antioquia y la cuarta por el Magdalena con dirección a Bogotá. Las tropas de la Confederación fueron derrotadas y Camilo Torres renunció, nombrándose presidente a Fernández Madrid para que hiciera la capitulación. Los restos del ejército patriota huyeron hacia los Llanos o hacia el sur y Santa Fe capituló ante la batalla de la Cuchilla del Tambo (30 de junio), donde el coronel realista Sámano venció la fuerza que dirigía el nuevo presidente de la Confederación, Liborio Mejía a quien Madrid había traspasado el cargo. La Patria Boba había dejado de existir.

La represión española en Bogotá fue sangrienta. El Tribunal de Purificación creado por Morillo enjuició a numerosos patriotas que fueron fusilados, como Antonio de Villavicencio, Miguel Pombo, Camilo Torres, Francisco José de Caldas, Liborio Mejía, etc. En Bogotá quedó Sámano como gobernador y Morillo se movilizó hacia Venezuela.

LAS TRECE COLONIAS INGLESAS EN NORTE AMÉRICA Y SU INDEPENDENCIA APOYADA POR ESPAÑA Y FRANCIA

Las colonias inglesas: En 1607 un grupo de atrevidos colonizadores ingleses construyó una diminuta aldea en Jamestown, Virginia. Portadores de una cédula del Rey Jaime I de Inglaterra, fundaron la primera colonia inglesa que sobrevivió. Una compañía londinense interesada en obtener utilidades financió la fundación, pero nunca las obtuvo. De los primeros 105 colonos, 73 murieron de hambre y enfermedades en los primeros siete meses después de su arribo. Pero la colonia con el tiempo creció y prosperó. Los virginianos descubrieron la forma de ganar dinero con el cultivo del tabaco, el cual empezaron a enviar a Inglaterra en 1614.

En Nueva Inglaterra, la región nororiental de lo que hoy es Estados Unidos, los puritanos ingleses establecieron varias colonias. Estos colonizadores pensaban que la Iglesia de Inglaterra había adoptado demasiadas prácticas del catolicismo, y llegaron a América huyendo de la persecución en tierras inglesas y con la intención de fundar una colonia basada en sus propios ideales religiosos. Un grupo de puritanos, conocidos como los peregrinos, cruzaron el Atlántico en un barco llamado Mayflower y se establecieron en Plymouth, Massachusetts, en 1620. Una colonia puritana mucho más grande se estableció en el área de Boston en 1630. Para 1635, algunos colonizadores ya estaban emigrando a la cercana Connecticut.

Llegó toda clase de gente: aventureros, maleantes, fervorosos creyentes, constructores, soñadores. América les prometía, como dijo el poeta Robert Frost, un nuevo comienzo para la raza humana. Desde entonces, los estadounidenses han considerado a su país como un gran experimento, un modelo valioso para otras naciones. Nueva Inglaterra también estableció otra tradición: un rasgo de moralismo frecuentemente intolerante. Los puritanos creían que los gobiernos debían hacer cumplir la moralidad de Dios. Castigaban severamente a los bebedores, los adúlteros, los violadores del Séptimo Día, y los herejes. En las colonias puritanas el derecho de voto se limitaba a los miembros de la iglesia, y los salarios de los ministros se pagaban de los impuestos.

Roger Williams, un puritano que no estaba de acuerdo con las decisiones de la comunidad, sostuvo que el estado no debía intervenir en cuestiones religiosas. Obligado a salir de Massachusetts en 1635, fundó la vecina colonia de Rhode Island, la cual garantizaba libertad religiosa y la separación del estado y la iglesia. Las colonias de Maryland, establecida en 1634 como refugio para católicos, y Pennsylvania, fundada en 1681 por el dirigente cuáquero William Penn, también se caracterizaron por su tolerancia religiosa. Esta tolerancia, a su vez, atrajo a otros grupos de colonizadores al Nuevo Mundo.

Con el paso del tiempo, las colonias británicas de América del Norte fueron ocupadas también por muchos grupos de origen no británico. Agricultores alemanes se establecieron en Pennsylvania, los suecos fundaron la colonia de Delaware y los primeros esclavos africanos llegaron a Virginia en 1619. En 1626, colonizadores holandeses compraron la isla de Manhattan a los jefes indígenas de la región y erigieron la ciudad de New Amsterdam; en 1664, esta colonia fue tomada por los ingleses y rebautizada con el nombre de New York.

La época colonial: Para el visitante extranjero, Estados Unidos siempre ha dado la impresión de ser no una cultura sino una mezcla de diferentes culturas. En la época colonial, esta mezcla de tradiciones contrastantes ya estaba tomando forma. El estrecho idealismo de Massachusetts coexistía con uno más tolerante de Rhode Island, la diversidad étnica de Pennsylvania y la práctica agricultura comercial de Virginia. La mayoría de los colonos trabajaba en granjas pequeñas. En las colonias sureñas de Virginia, Carolina del Norte y Carolina del Sur, los terratenientes crearon extensos plantíos de tabaco y arroz en las fértiles cuencas ribereñas. Estos plantíos eran trabajados por negros bajo el sistema de esclavitud (que se había desarrollado lentamente desde 1619) o por ingleses libres que convenían en trabajar sin pago durante varios años a cambio de su travesía a América.

Para 1770 ya habían surgido varios centros urbanos pequeños pero en proceso de expansión, y cada uno de ellos contaba con periódicos, tiendas, comerciantes y artesanos. Philadelphia, con 28.000 habitantes, era la ciudad más grande, seguida por New York, Boston, y Charleston. A diferencia de la mayor parte de las demás naciones, Estados Unidos jamás tuvo una aristocracia feudal. En la era colonial la tierra era abundante y la mano de obra escasa, y todo hombre libre tenía la oportunidad de alcanzar, si no la prosperidad, al menos la independencia económica.

Todas las colonias compartían la tradición del gobierno representativo. El monarca inglés nombraba a muchos de los gobernadores coloniales, pero todos ellos debían gobernar conjuntamente con una asamblea elegida. El voto estaba restringido a los terratenientes varones blancos, pero la mayoría de los hombres blancos tenía propiedades suficientes para votar. Inglaterra no podía ejercer un control directo sobre sus colonias norteamericanas. Londres estaba demasiado lejos, y los colonos tenían un espíritu muy independiente.

Para 1733, los ingleses habían ocupado 13 colonias a lo largo de la costa del Atlántico, desde New Hampshire en el norte hasta Georgia en el sur. Los franceses controlaban Canadá y Louisiana, que comprendían toda la vertiente del Mississippi: un imperio vasto con pocos habitantes. Entre 1689 y 1815, Francia y la Gran Bretaña sostuvieron varias guerras, y América del Norte se vio envuelta en cada una de ellas. En 1756 Francia e Inglaterra estaban enfrascadas en la Guerra de los Siete Años, conocida en Estados Unidos como la Guerra Francesa e Indígena. El primer ministro británico, William Pitt, invirtió soldados y dinero en América del Norte y ganó un imperio. Las fuerzas británicas tomaron las plazas fuertes canadienses de Louisburg (1758), Quebec (1759) y Montreal (1760). La Paz de Paris, firmada en 1763, dio a la Gran Bretaña derechos sobre Canadá y toda América del Norte al este del Río Mississippi.

La victoria de Inglaterra condujo directamente a un conflicto con sus colonias norteamericanas. Para evitar que pelearan con los nativos de la región, llamados indios por los europeos, una proclama real negó a los colonos el derecho de establecerse al oeste de los Montes Apalaches. El gobierno británico empezó a castigar a los contrabandistas e impuso nuevos gravámenes al azúcar, el café, los textiles y otros bienes importados. La Ley de Alojamiento obligó a las colonias a alojar y alimentar a los soldados británicos; y con la aprobación de la Ley de Estampillas, debían adherirse estampillas fiscales especiales a todos los periódicos, folletos, documentos legales y licencias.

Estas medidas parecieron muy justas a los políticos británicos, que habían gastado fuertes sumas de dinero para defender a sus colonias norteamericanas durante y después de la Guerra Francesa e Indígena. Seguramente su razonamiento era que los colonos debían sufragar parte de esos gastos. Pero los colonos temían que los nuevos impuestos dificultaran el comercio, y que las tropas británicas estacionadas en las colonias pudieran ser usadas para aplastar las libertades civiles que los colonos habían disfrutado hasta entonces.

En general, estos temores eran infundados, pero fueron los precursores de lo que han llegado a ser tradiciones profundamente arraigadas en la política estadounidense. Los ciudadanos desconfían del "gobierno poderoso"; después de todo, millones de inmigrantes llegaron a este país para escapar de la represión política. Asimismo, los ciudadanos siempre han insistido en ejercer cierto control sobre el sistema tributario que sostiene a su gobierno. Hablando como ingleses nacidos en libertad, los colonos insistieron en que sólo sus propias asambleas coloniales podían gravarlos. No admitiremos tributación sin representación era su grito de batalla.

En 1765, representantes de nueve colonias se reunieron como "Congreso sobre la Ley de Estampillas" y protestaron contra el nuevo impuesto. Los comerciantes se negaron a vender productos británicos, los distribuidores de estampillas se vieron amenazados por la muchedumbre enardecida y la mayoría de los colonos sencillamente se negó a comprar las mencionadas estampillas. El parlamento británico se vio forzado a revocar la Ley de Estampillas, pero hizo cumplir la Ley de Alojamiento, decretó impuestos al té y a otros productos y envió funcionarios aduaneros a Boston a cobrar esos aranceles. De nuevo los colonos optaron por desobedecer, así que se enviaron soldados británicos a Boston.

Las tensiones se aliviaron cuando Lord North, el nuevo ministro de hacienda británico, eliminó todos los nuevos impuestos salvo el del té. En 1773, un grupo de patriotas respondi6 a dicho impuesto escenificando la Fiesta del Té de Boston: disfrazados de indígenas, abordaron buques mercantes británicos y arrojaron al agua, en el puerto de Boston, 342 huacales de té. El parlamento promulgó entonces las "Leyes Intolerables": la independencia del gobierno colonial de Massachusetts fue drásticamente restringida y se enviaron más soldados británicos al puerto de Boston, que ya estaba cerrado a los buques mercantes. En septiembre de 1774 tuvo lugar en Philadelphia el Primer Congreso Continental, reunión de líderes coloniales que se oponían a lo que percibían como opresión británica en las colonias. Estos líderes instaron a los colonos a desobedecer las Leyes Intolerables y a boicotear el comercio británico. Los colonos empezaron a organizar milicias y a almacenar armas y municiones.

La revolución: Dígase a un estadounidense "1776" ó "4 de julio", e inmediatamente cualquiera de estas fechas le traerá a la memoria la Declaración de Independencia, cuando las 13 colonias originales se separaron de Inglaterra. El 19 de abril de 1775, 700 soldados ingleses salieron de Boston para impedir la rebelión de los colonos mediante la toma de un depósito de armas de estos últimos en la vecina ciudad de Concord. En el poblado de Lexington se enfrentaron a 70 milicianos. Alguien, nadie sabe quién, abrió fuego, y la guerra de independencia comenzó. Los ingleses fácilmente se tomaron a Lexington y Concord, pero a su regreso hacia Boston fueron hostilizados por cientos de voluntarios de Massachusetts. Para junio, 10.000 soldados coloniales habían sitiado Boston, y los británicos se vieron forzados a evacuar la ciudad en marzo de 1776.

En mayo de 1775, un Segundo Congreso Continental se reunió en Philadelphia y empezó a asumir las funciones de gobierno nacional. Creó un ejército y una marina continentales bajo el mando de George Washington, un hacendado virginiano y veterano de la Guerra Francesa e Indígena. Se imprimió papel moneda y se iniciaron relaciones diplomáticas con potencias extranjeras. El 2 de julio de 1776, el Congreso finalmente resolvió : Que estas Colonias Unidas son, y por derecho deben ser, estados libres y soberanos. Thomas Jefferson, con la ayuda de otros de Virginia, redactó una Declaración de Independencia, que el Congreso aceptó el 4 de julio de 1776

La declaración presentó una defensa pública de la Guerra de Independencia incluida una larga lista de quejas contra el soberano inglés Jorge III. Pero sobre todo, explicó la filosofía que sustentaba a la independencia, proclamando que todos los hombres nacen iguales, y poseen ciertos derechos inalienables, entre ellos la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que los gobiernos pueden gobernar sólo con el consentimiento de los gobernados; que cualquier gobierno puede ser disuelto cuando deja de proteger los derechos del pueblo. Esta teoría política tuvo su origen en el filósofo inglés John Locke, y ocupa un lugar prominente en la tradición política anglosajona.

Al principio, la guerra fue desfavorable para los colonos. Los británicos se tomaron a la ciudad de New York en septiembre de 1776, y a Philadelphia un año después. Las cosas empezaron a cambiar en octubre de 1777 cuando un ejército británico bajo el mando del General John Burgoyne se rindió en Saratoga, en el norte del estado de New York. Alentada por esa victoria, Francia aprovechó la oportunidad de humillar a la Gran Bretaña, su enemiga tradicional. En febrero de 1778 se firmó una alianza franco-americana. Pese a sus escasas provisiones y limitado adiestramiento, las tropas coloniales pelearon bien en general, pero podrían haber perdido la guerra si no hubieran recibido ayuda del erario francés y de la poderosa marina francesa.

Después de 1778, la lucha se trasladó en gran medida al sur. En 1781, 8.000 tropas británicas al mando del General George Cornwallis fueron rodeadas en Yorktown, Virginia, por una flota francesa y un ejército combinado franco-americano al mando de George Washington. Cornwallis se rindió, y poco después el gobierno británico propuso la paz. El Tratado de Paris, firmado en septiembre de 1783, reconoció la independencia de Estados Unidos de América y otorgó a la nueva nación todo el territorio al norte de Florida, al sur del Canadá y al este del Río Mississippi.

La creación de una constitución: Las 13 colonias eran ya estados libres y soberanos, pero aún no una nación unida. Desde 1781 habían estado gobernadas por los Artículos de la Confederación, una constitución que establecía un gobierno central muy débil. El pueblo acababa de rebelarse contra un parlamento en la distante Londres, y no quería remplazarlo con una autoridad central tiránica en su propio país. De acuerdo con los Artículos de la Confederación, el Congreso, compuesto por representantes del pueblo, no podía dictar leyes ni elevar impuestos. No había poder judicial federal ni poder ejecutivo permanente. Cada estado en lo individual era casi independiente: podía incluso establecer sus propias barreras fiscales.

En mayo de 1787 se reunió una convención en Philadelphia con instrucciones de revisar los Artículos de la Confederación. Los delegados, entre quienes estaban George Washington, Benjamin Franklin y James Madison, rebasaron su encargo y redactaron una constitución nueva y más viable, la cual estableció un gobierno federal más poderoso y con facultades para cobrar impuestos, conducir la diplomacia, mantener fuerzas armadas, y reglamentar el comercio exterior y entre los estados. Dispuso la creación de una Corte Suprema y tribunales federales menores, y dio el poder ejecutivo a un presidente electo. Lo que es más importante, estableció el principio de un "equilibrio de poder" entre las tres ramas del gobierno: los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. Este principio le otorgó a cada rama medios propios para contrarrestar y equilibrar las actividades de las demás, garantizando así que ninguna de ellas pudiera ejercer autoridad dictatorial sobre las operaciones del gobierno.

La constitución fue aceptada en 1788, pero sólo después de muchas amargas discusiones. Muchos colonos temían que un gobierno central poderoso aplastara las libertades del pueblo, y en 1791 se agregaron a la constitución 10 enmiendas: la Declaración de Derechos. Este documento garantizó la libertad de culto, de prensa, de palabra, el derecho de los ciudadanos a portar armas, la protección contra cateos ilegales, el derecho a un juicio justo por un jurado, y la protección contra "castigos crueles e inusuales". Es la más antigua constitución escrita del mundo, perdurable por tratarse de un documento general que se puede interpretar de conformidad con los cambios de la época. O bien se puede enmendar, como ya se ha hecho en 27 ocasiones.

La Constitución dejó establecida una forma de gobierno federal con facultades divididas entre los gobiernos federales y estatales. Al gobierno federal corresponden todos los asuntos que afectan a la nación en general. De este modo, la Constitución y la Declaración lograron un equilibrio entre dos aspectos fundamentales pero contradictorios de la política: la necesidad de una autoridad central eficiente y fuerte y la necesidad de garantizar libertades individuales. Los primeros dos partidos políticos de Estados Unidos reflejaron esta división ideológica. Los Federalistas estaban a f:avor de un presidente fuerte y un gobierno central; los Republicanos Demócratas defendían los derechos de los estados en lo individual, porque ésto parecía garantizar mayor control y responsabilidad "locales". Este partido tenía las simpatías de los pequeños agricultores; el Partido Federalista era el favorito de las clases prósperas, y desaparecería en 1820.

Una nación nueva: El Distrito de Columbia (DC), que está rodeado por los estados de Maryland y Virginia, fue designado en la década de 1790 como la sede de la capital de la nación. Fue bautizada con el nombre de Washington en honor del primer presidente. En Washington, DC, quedó establecida la sede de las tres ramas del gobierno federal: la legislativa, la ejecutiva y la judicial. La rama legislativa la constituyen el Congreso, compuesto por dos cámaras, las cuales se reúnen en el Capitolio. La Cámara de Representantes se compone de miembros que se eligen en cada estado en proporción con su población. El Senado está compuesto por dos miembros que elige cada estado. El poder ejecutivo está compuesto por el Presidente quien, con ayuda de su Gabinete, se encarga de administrar la ley. El Presidente es elegido por todo el pueblo y habita en la Casa Blanca. La rama judicial esta compuesta por nueve magistrados de la Corte Suprema, a quienes incumbe la decisión final en lo que se refiere a la determinación de si una ley está conforme con el espíritu de la Constitución. Así pues, el Congreso elabora las leyes, el Presidente las pone en vigor y la Corte Suprema las interpreta.

Entre las atribuciones del gobierno federal están las de acuñar monedas, imponer tributos al pueblo, mantener un ejército, una armada y una fuerza aérea para defender a la nación y dirigir sus relaciones exteriores. Además, a través de los tribunales federales el gobierno tiene autoridad sobre las personas en casos relacionados con la interpretación de la Constitución o de las leyes y tratados elaborados al amparo de la misma.

Los gobiernos estatales conservan el poder exclusivo en lo que se refiere a todo asunto local. Tienen su gobernador, sus asambleas legislativas y tribunales propios. Promulgan las leyes relacionadas con la salud, la educación, los impuestos locales y muchas otras cuestiones de importancia.

Como primer presidente de Estados Unidos, George Washington gobernó con un estilo federalista. Cuando los agricultores de Pennsylvania se negaron a pagar un impuesto federal sobre el licor, Washington movilizó a un ejército de 15.000 hombres pare sofocar la Rebelión del Whiskey. Con Alexander Hamilton al frente de la Secretaría de Hacienda, el gobierno federal se hizo cargo de las deudas de cada estado y creó una banca nacional. Estas medidas fiscales fueron concebidas pare alentar la inversión y persuadir a la iniciativa privada a que apoyara al nuevo gobierno.

En 1797, Washington fue sucedido por otro federalista, John Adams, quien se vio envuelto en una guerra naval no declarada contra Francia. En una atmósfera de histeria bélica, el Congreso, controlado por los federalistas, aprobó en 1798 las Leyes sobre Extranjeros y Sedición. Estas medidas permitieron la deportación o arresto de extranjeros "peligrosos", y prescribieron multas o prisión por publicar ataques "falsos, escandalosos y maliciosos" contra el gobierno. Diez editores republicanos fueron condenados conforme a la Ley de Sedición, la cual fue acremente denunciada por el abogado virginiano y principal autor de la Declaración de Independencia, Thomas Jefferson.

La represión a que dieron lugar las Leyes sobre Extranjeros y Sedición terminó en 1801, cuando Thomas Jefferson fue elegido presidente. Como Republicano, Jefferson fue un jefe del ejecutivo informal y accesible. Aunque quiso limitar el poder del presidente, la realidad política lo obligó a ejercer ese poder vigorosamente. En 1803 compró a Francia el inmenso territorio de Louisiana por US$15 millones: en adelante Estados Unidos se extendería hacia el oeste hasta las Montañas Rocosas. Cuando piratas norafricanos atacaron barcos estadounidenses, Jefferson envió una expedición naval en contra del estado de Trípoli.

Mientras tanto, la Corte Suprema, bajo su presidente John Marshall, afirmaba su propia autoridad. En el caso de Marbury vs. Madison, que se ventiló en 1803, Marshall afirmó que la corte declararía nulo cualquier acto del Congreso "contrario a la Constitución". Esa disposición estableció la idea más fundamental del derecho constitucional de Estados Unidos: la Corte Suprema toma la decisión final en la interpretación de la Constitución y, si los jueces determinan que una ley es inconstitucional, pueden declararla nula aunque haya sido promulgada por el Congreso y firmada por el presidente.

Durante las guerras napoleónicas, barcos de guerra británicos y franceses hostilizaron a buques de Estados Unidos. Jefferson respondió prohibiendo las exportaciones estadounidenses a Europa, pero los comerciantes de la región de Nueva lnglaterra protestaron porque su comercio se arruinaría por el embargo, el cual fue derogado por el Congreso en 1809. Sin embargo, en 1812 el Presidente James Madison le declaró la guerra a la Gran Bretaña por este asunto.

Durante la Guerra de 1812, los barcos de guerra estadounidenses tuvieron algunas victorias impresionantes, pero la marina inglesa, inmensamente superior, bloqueó los puertos de Estados Unidos. Los intentos por invadir al Canadá británico terminaron en catástrofe, y las fuerzas inglesas se tomaron y quemaron Washington, la nueva ciudad capital de la nación. Inglaterra y Estados Unidos convinieron en una paz pactada en diciembre de 1814; ninguna de las partes obtuvo concesiones de la otra. Dos semanas después, el General Andrew Jackson detuvo un asalto británico a New Orleans. La noticia del tratado de paz aún no llegaba a oídos de los soldados.

Después de la guerra, Estados Unidos gozó de un período de rápida expansión económica. Se construyó una red nacional de carreteras y canales, buques de vapor surcaban los ríos, y el primer ferrocarril de vapor se inauguró en Baltimore, Maryland, en 1830. La Revolución Industrial había llegado a Estados Unidos: la región de Nueva Inglaterra contaba con fábricas de textiles y Pennsylvania con fundiciones de hierro. Para la década de 1850 había fábricas que producían artículos de hule, máquinas de coser, zapatos, ropa, equipos agrícolas, pistolas y relojes.

Las tierras colonizadas crecieron hacia el oeste, más allá del Río Mississippi. En 1828 Andrew Jackson fue elegido presidente: el primer hombre en ocupar este cargo quien haya nacido en el seno de una familia pobre y en el oeste de Estados Unidos, lejos de las tradiciones culturales del litoral del Atlántico. Jackson y su nuevo Partido Demócrata, herederos de los Republicanos de Jefferson, promovieron un credo de democracia popular y atrajeron a los miembros humildes de la sociedad: los agricultores, los mecánicos y los obreros. Jackson destruyó el poder del Banco de Estados Unidos, que había dominado la economía de la nación. Premió con empleos gubernamentales a sus partidarios sin experiencia pero de probada lealtad. Puso tierras a disposición de los colonizadores del oeste, obligando a las tribus indígenas a emigrar al oeste del Río Mississippi.

Conflicto local: La era de optimismo de Jackson se vio nublada por la existencia en Estados Unidos de una contradicción social cada día más claramente percibida como un mal social que con el tiempo desgarraría a la nación: la esclavitud. Las palabras de la Declaración de Independencia que todos los hombres nacen iguales carecían de sentido para el millón y medio de negros que eran esclavos. Thomas Jefferson, él mismo dueño de esclavos, reconoció que el sistema era inhumano e incorporó en la Declaración una impugnación de la esclavitud, pero los delegados sureños ante el Congreso Continental lo obligaron a eliminar esa parte. La importación de esclavos fue proscrita en 1808, y muchos estados del norte impulsaron la abolición de la esclavitud, pero la economía sureña se basaba en enormes plantaciones que usaban mano de obra esclava para cultivar algodón, arroz, tabaco y azúcar. Sin embargo, en varios estados del sur, pequeñas poblaciones de negros libres trabajaban también como artesanos o comerciantes.

En 1820, políticos del norte y del sur debatieron la cuestión de si la esclavitud sería legal en los territorios del oeste. El Congreso optó por pactar: se permitió la esclavitud en el nuevo estado de Missouri y en el territorio de Arkansas, y se prohibió en todas partes al oeste y al norte de Missouri. Pero el punto en disputa no desaparecí, y mientras que algunos se organizaban en sociedades abolicionistas, principalmente en el norte, los blancos sureños defendían la esclavitud con creciente pasión. La nación también se hallaba dividida en torno a la cuestión del alto arancel que protegía a las industrias del norte pero elevaba los precios para los consumidores del sur.

Mientras tanto, miles de estadounidenses se habían establecido en Texas, que en ese entonces formaba parte de México. Para los texanos el régimen mexicano bajo el General Santa Anna era cada vez más opresivo, y en 1835 se rebelaron, derrotaron a un ejército de ese país y fundaron la república independiente de Texas. En 1845 Texas se anexó a Estados Unidos, y México suspendió relaciones diplomáticas. El Presidente James K. Polk envió tropas estadounidenses al territorio disputado en la frontera texana. Después de una batalla entre soldados mexicanos y estadounidenses en mayo de 1846, el Congreso declaró la guerra a México.

Un ejército estadounidense desembarcó cerca de Veracruz en marzo de 1847 y tomó la Ciudad de México en septiembre. A cambio de US$15 millones, México se vio forzado a ceder una vastísima porción de su territorio: la mayor parte de lo que hoy es California, Arizona, Nevada, Utah, Nuevo México y Colorado.

En 1846, al zanjar una larga disputa fronteriza con el Canadá británico, Estados Unidos había adquirido derechos indiscutibles sobre la porción sur de la región de Oregón: los actuales estados de Oregón, Idaho y Washington. De este modo, Estados Unidos se convirtió en una potencia verdaderamente continental que se extendía desde el Atlántico hasta el Pacífico.

La adquisición de estos nuevos territorios reavivó una inquietante duda: ¿se abrirían a la esclavitud estas tierras recién adquiridas? Desde mediados del siglo XVII se traían esclavos de Africa para que trabajasen en las grandes plantaciones del sur. Los sureños pretendían que se extendiese la esclavitud a los nuevos territorios del oeste. Los norteños se oponían. En 1861 empezó la Guerra Civil entre norte y sur.

En 1850 el Congreso convino en otro pacto: California fue admitida como estado libre, y los habitantes de los territorios de New México y Utah debían decidir la cuestión por sí mismos. El Congreso también aprobó la Ley del Esclavo Fugitivo, que ayudaba a los surños a recapturar esclavos que hubieran huido a los estados libres. Sin embargo, algunos estados del norte no hicieron cumplir esta ley y los abolicionistas seguían ayudando a los negros que escapaban. Harriet Beecher Stowe, de Massachusetts, escribió Uncle Tom's Cabin (La cabaña del Tío Tom), novela sentimental pero ferozmente en contra de la esclavitud, que convirtió a muchos lectores a la causa abolicionista. En la vida política, económica y cultural de Estados Unidos, el tema de la esclavitud pasó a ser el punto central de disputa.

En 1854, el Senador Stephen Douglas, de Illinois, convenció al Congreso de permitir a los habitantes de los territorios de Kansas y Nebraska resolver la cuestión de la esclavitud dentro de sus propias fronteras, lo cual anuló el Pacto de Missouri de 1820. En Kansas, el resultado fue una contienda violenta entre los colonizadores que estaban a favor de la esclavitud y los que estaban en contra de ella. En 1857, la Corte Suprema hizo público el fallo Dred Scott, que sostenía que los negros no tenían derechos como ciudadanos estadounidenses y que el Congreso no tenía autoridad para proscribir la esclavitud en los territorios del oeste.

En 1858, cuando el Senador Douglas buscó la reelección, fue desafiado por Abraham Lincoln y el Partido Republicano (un nuevo partido en contra de la esclavitud, y que nada tenía que ver con el Partido Republicano de Jefferson). En una serie de debates históricos con Douglas, Lincoln exigió un alto a la expansión de la esclavitud. Estaba dispuesto a tolerarla en los estados del sur, pero al mismo tiempo afirmó que "este gobierno no puede subsistir permanentemente siendo mitad esclavo y mitad libre".

La Guerra Civil: Lincoln perdió la contienda senatorial, pero en 1860 él y Douglas volvieron a enfrentarse: esta vez como los candidatos presidenciales Republicano y Demócrata. Para entonces la tensión entre el norte y el sur era extrema. En 1859, John Brown, un fanático del abolicionismo, había tratado de iniciar una rebelión de esclavos en Virginia atacando un depósito de municiones del ejército. Brown fue rápidamente capturado, juzgado y sentenciado a la horca, tras de lo cual muchos habitantes del norte lo aclamaron como mártir. Sin embargo, los blancos del sur se convencieron de que el norte estaba dispuesto a poner fin a la esclavitud mediante una guerra sangrienta. Douglas conminó a los Demócratas sureños a permanecer en la Unión, pero estos por su parte nombraron su propio candidato presidencial y amenazaron con separarse si los Republicanos resultaban victoriosos.

La mayoría en los estados sureños y fronterizos votaron contra Lincoln, pero el norte lo apoyó y ganó las elecciones. Unas semanas después, Carolina del Sur decidió mediante votación abandonar la Unión. Pronto se le unieron Mississippi, Florida, Alabama, Georgia, Louisiana, Texas, Virginia, Arkansas, Tennessee y Carolina del Norte. Estos estados se proclamaron nación independiente los Estados Confederados de América y así empezó la Guerra Civil.

Los sureños declararon que no peleaban sólo por la esclavitud: después de todo, la mayoría de los soldados confederados eran demasiado pobres para poseer esclavos. El sur estaba empeñado en una guerra de independencia: una segunda revolución. Los confederados generalmente tuvieron la ventaja de pelear en su propio territorio, y su moral era excelente. Tenían magníficos soldados de infantería, de caballería y generales, pero eran mucho menores en número que las fuerzas de la Unión (del norte). La red ferrocarrilera y la base industrial del sur no podían sostener un esfuerzo bélico moderno. La marina de la Unión rápidamente impuso un bloqueo que creó graves escaseces de material bélico y bienes de consumo en la confederación. Para librar la guerra, ambas partes suspendieron algunas libertades civiles, imprimieron montañas de papel moneda y recurrieron al reclutamiento.

Las dos prioridades de Lincoln fueron mantener a Estados Unidos como un sólo país y librar a la nación de la esclavitud. El reconoció que al hacer de la guerra una batalla contra la esclavitud podría obtener apoyo pare la Unión tanto en el interior como en el exterior. Consecuentemente, el 1° de enero de 1863 dio a conocer la Proclama de Emancipación, que otorgaba libertad a todos los esclavos en áreas aún controladas por la Confederación.
El ejército sureño (Confederado) obtuvo algunas victorias en la primera etapa de la guerra, pero en el verano de 1863 su comandante, el General Robert E. Lee, se enfiló hacia Pennsylvania en el norte. En Gettysburg se encontró con un ejército de la Unión, y así dio comienzo la batalla de mayor magnitud jamás librada en suelo norteamericano. Después de tres días de lucha desesperada, los Confederados fueron derrotados. Al mismo tiempo, en el Río Mississippi, el General Ulysses S. Grant, de la Unión, tomó la importante ciudad de Vicksburg. Las fuerzas de la Unión controlaban ahora todo el valle del Mississippi, dividiendo en dos a la Confederación.

En 1864, un ejército de la Unión al mando del General William T. Sherman atravesó Georgia destruyendo el campo. Mientras tanto, el General Grant se batía implacablemente con las fuerzas de Lee en Virginia. El 2 de abril de 1865, Lee se vio forzado a abandonar Richmond, la capital de la Confederación. Una semana después se rindió ante Grant en el palacio de justicia de Appomattox, y todas las demás fuerzas confederadas se rindieron poco después. El 14 de abril Lincoln fue asesinado por el actor John Wilkes Booth.

La Guerra Civil fue el episodio más traumático de la historia de Estados Unidos. Las cicatrices no se han cerrado por completo hasta el día de hoy. Todas las guerras posteriores en que ha participado Estados Unidos han tenido lugar mucho más allá de sus fronteras, pero este conflicto devastó al sur y sometió a esa región a la ocupación militar. El país perdió más hombres en esta guerra que en cualquier otra: un total de 635.000 muertos en ambos bandos.

La guerra resolvió dos cuestiones fundamentales que habían dividido a Estados Unidos desde 1776: puso fin a la esclavitud, que fue completamente abolida por la Enmienda 13 de la Constitución en 1865; y decidió, de una vez por todas, que Estados Unidos no es una colección de estados semi-independientes sino una sola nación indivisible. Después de cuatro amargos años de guerra, se conservó la Unión y se liberó a los esclavos. Aunque la victoria del norte en la Guerra Civil aseguró la integridad de Estados Unidos como nación indivisible, muchas cosas se destruyeron en el curso del conflicto, y el objetivo secundario de la guerra, la abolición del sistema de esclavitud, se logró sólo de manera imperfecta. Para los negros, ha sido una lucha larga y penosa en busca de la igualdad. Muchos se trasladaron a las ciudades del norte, sólo para afrontar nuevas dificultades. Pero un creciente movimiento en pro de los derechos civiles continúa bregando en contra de empecinados sistemas sociales y económicos con el fin de garantizar igualdad de oportunidades para los negros en materia de vivienda, educación y trabajo.

La Reconstrucción: La derrota de la Confederación dejó económicamente destruida la región agrícola más fértil del país, y devastó su rica cultura. Al mismo tiempo, la abolición legal de la esclavitud no trajo igualdad para los antiguos esclavos. Inmediatamente después de la Guerra Civil, las legislaturas de los estados sureños, temerosas de la manera cómo los antiguos esclavos pudieran ejercer su derecho al voto y también ávidas por rescatar lo que pudieran de su anterior estilo de vida, trataron de impedir que los negros votaran y decretaron "códigos negros" para restringir la libertad de los antiguos esclavos. Aunque los republicanos "radicales'' del Congreso trataron de proteger los derechos civiles de los negros y de incorporarlos en la corriente principal de la vida de Estados Unidos, sus esfuerzos fueron resistidos por el Presidente Andrew Johnson. Johnson, un sureño que había permanecido leal a la Unión durante la Guerra Civil y prestado servicio como vicepresidente republicano, asumió la presidencia al ser asesinado Abraham Lincoln.

En marzo de 1868, la Cámara de Representantes respondió a la oposición de Johnson para adoptar soluciones radicales intentando relevarlo de su puesto. Los cargos que se le imputaban carecían de fundamento, y el Senado votó en contra de una moción para declararlo culpable. En opinión de muchos, Johnson había sido demasiado indulgente con los antiguos confederados, pero su descargo constituyó una importante victoria para un principio fundamental del gobierno estadounidense. Dicho principio es la separación de poderes entre las ramas legislativa, ejecutiva y judicial del gobierno. El descargo de Johnson ayudó a conservar el delicado equilibrio del poder entre el presidente y el Congreso.

Sin embargo, este último pudo proseguir con su programa de "reconstrucción", o reforma, de los estados del sur, ocupados después de la guerra por el ejército del norte. Para 1870, los estados del sur eran gobernados por grupos de negros, blancos dispuestos a cooperar, y norteños trasplantados (llamados "explotadores"). Muchos negros sureños fueron elegidos para ocupar cargos en las legislaturas estatales y en el Congreso. Aunque existía cierta corrupción en estos gobiernos estatales "reconstruidos", fue mucho lo que hicieron por mejorar la educación, impulsar los servicios sociales, y proteger los derechos civiles.

La Reconstrucción fue amargamente resentida por la mayor parte de los blancos del sur, algunos de los cuales formaron el Ku Klux Klan, sociedad secreta violenta que esperaba proteger los intereses y ventajas de los blancos aterrorizando a los negros e impidiéndoles lograr progresos sociales. Para 1872 el gobierno federal había suprimido al Klan, pero los demócratas blancos seguían recurriendo a la violencia y al temor para reconquistar el control de sus gobiernos estatales. La Reconstrucción llegó a su fin en 1877, cuando en todos los estados sureños se ratificaron constituciones nuevas y las tropas federales en su totalidad fueron retiradas de la región.

Pese a las garantías constitucionales, los negros del sur eran ahora "ciudadanos de segunda clase"; es decir, estaban subordinados a los blancos aun cuando gozaban de ciertos derechos civiles. En algunos estados sureños, los negros podían votar y ocupar puestos de eiección. Había segregación racial en escuelas y hospitales, pero los trenes, parques y otras instalaciones públicas todavía podían ser usadas, en general, por personas de una y otra raza.

Hacia fines de siglo XIX, este sistema de segregación y opresión de los negros se tornó mucho más rígido. En el caso de Plessy vs. Ferguson, ventilado en 1869, la Corte Suprema de Estados Unidos determinó que la Constitución permitía instalaciones y servicios separados para las dos razas, siempre que dichas instalaciones y servicios fueran iguales. Sin más tardanza, las legislaturas de los estados del sur destinaron a los negros instalaciones separadas, pero desiguales. Las leyes pusieron en vigor una estricta segregación en el trasporte público, los teatros, los deportes e incluso en los ascensores y cementerios. La mayoría de los negros y muchos blancos pobres perdieron el derecho de voto debido a que no tenían recursos suficientes para pagar los impuestos que habían sido decretados para excluirlos de la participación política, y a que no sabían leer ni escribir. A los negros que eran acusados de delitos menores se les sentenciaba a trabajos forzados y algunas veces eran asediados por turbas violentas. La mayoría de los negros del sur, debido a su pobreza e ignorancia, seguían labrando las tierras como agricultores arrendatarios. Aunque legalmente eran libres, vivían y eran tratados como esclavos.

El éxodo hacia el oeste: En los años siguientes a la Guerra Civil en 1865, los norteamericanos colonizaron la mitad de la región occidental de Estados Unidos. Los mineros que buscaban oro y plata se trasladaron a la región de las Montañas Rocosas. Los agricultores, incluidos muchos inmigrantes alemanes y escandinavos, se establecieron en Minnesota y en las dos Dakotas. En las planicies de Texas y en otros estados occidentales apacentaban enormes rebaños de ganado vacuno, manejados por jinetes contratados (vaqueros) que pasaron a ser los personajes más célebres y románticos de la cultura de Estados Unidos. La mayoría de esos jinetes habían sido soldados o esclavos sureños, que se habían desplazado al oeste tras la derrota del sur. El vaquero era el héroe de los Estados Unidos: trabajaba largas horas en las vastas llanuras a cambio de un salario bajo. No era tan violento como se lo representó después el cine moderno.

Los colonizadores y el ejército de Estados Unidos sostuvieron batallas frecuentes con los indígenas, cuyas tierras estaban siendo invadidas por la corriente de colonizadores blancos, pero también en este caso se ha exagerado el derramamiento del sangre. Un total de aproximadamente 7.000 blancos y 5.000 indígenas fueron muertos en el curso del siglo XIX. Un número mayor de indígenas murió de enfermedades y hambre causadas por el desplazamiento de los colonizadores hacia el oeste. Los blancos sacaron a los indígenas de sus tierras y acabaron con casi todos los búfalos, que eran la fuente principal de alimento y pieles para las tribus de las Grandes Praderas.

 
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